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El consumo en hogares crece un 4,5% en el acumulado anual hasta agosto

 Publicado el por Vicent Escamilla (colaborador)

Los datos de consumo de vino en hogares ofrecidos por el Panel de Consumo Alimentario del Ministerio de Agricultura para el periodo enero-agosto 2012 indican que el consumo doméstico de vinos y bebidas con vino se situó en 315,2 millones de litros, lo que representa un incremento del 4,53% respecto al mismo periodo de 2011. El valor acumulado en estos meses alcanzó los 620,19 millones de euros, con lo que se mantiene más o menos estable (-0,05%). El precio medio total sufrió un descenso del 4,38% hasta 1,97 euros por litro.

De ‘mi hijo no será viñero’, a ser vigneron en La Mancha

 Publicado el por Joaquín Parra (colaborador)

“Papá, yo de mayor quiero ser viñero”. Viñero es el término con el que en Tomelloso (y comarca) provincia de Ciudad Real (Castilla- La Mancha, mayor viñedo del mundo), se conoce a los viticultores. Vigneron o viticultor, un “oficio” que hasta el pasado año estaba no solo en desuso, casi era una “vergüenza” ya que la viña, en La Mancha, solo daba trabajo (no remuneración, ni ganancias) salvo que tuvieras 100 hectáreas o más con sistema de riego, emparrado, te hubieras acogido a cultivo ecológico (con la consiguiente subvención, que era el beneficio) o en el mejor de los casos, que tuvieras la viña asegurada y te cayera una granizada, por lo que además de coger algo de uva, te pagara el seguro como si no hubieras vendimiado nada.
Antes de seguir… amigos y uno de mis cuñados son viticultores a título principal y solo siento por ellos admiración y respeto. Trabajadores incansables, inteligentes y empresarios de lo suyo. En línea ascendente tengo que recurrir a mis abuelos que supieron de buena fe lo que era trabajar el campo, tirando de animales y de brazo, y también de aquellos que de los años 28 a 35 defendieron con ahínco la viña y la vida digna de los “viñeros” de la época en La Mancha.
Hablo de pasado reciente, ya que hace tan solo dos o tres años, hablábamos de precios aproximados a los 13-15 céntimos de euros el kilo de uva en la zona Mancha. Es razonable pensar que ningún padre de familia en su sano juicio quisiera que su hijo se dedicara a la viña. Hace 5-7 años el auténtico negocio era ser albañil: 3.000-4.000 euros mensuales, fines de semana (de tres días) libre (o chapuzas para aumentar los ingresos), vacaciones… No había problema si se tenía algo de viña, se contrataba para la vendimia a los sudamericanos y marroquíes (con todo mi respeto hacia ellos) mientras que la “obra” se pagaba mejor. Eso cambió con el estallido de la burbuja inmobiliaria. Los que ya no vendimiaban, se agarraron a la viña como a un clavo ardiendo y lo que era denostado ya no se veía con tan malos ojos.
Ya hacían menos falta los inmigrantes… para darles un sueldo a ellos, se lo daban a un familiar (ex trabajador de la obra).
Vaya por delante que a todo esto no le pongo ni un “pero”. Hemos pasado años de bajos precios en la uva, de precios ridículos en el vino… todo se achacaba a que Castilla-La Mancha es la mayor región productora del mundo, lo que justificaban los bajos precios. Aún hoy espero que algún político (los de “antes” que estuvieron 30 años, a los de ahora le doy cierto margen de maniobra ya que llevan poco más de un año) alce la voz diciendo que España, pese a ser el país con mayor extensión en viñedo, es el tercero en producción (pero sí es la región que más viñedo ha arrancado en toda la UE). Esto quiere decir que si España no es culpable de los excedentes menos aún lo era Castilla-La Mancha, y por lo tanto, no se justificaban los bajos (ni el arranque indiscriminado).
Ahora, tampoco quiero exonerar de culpa al sector de la región. Si hubieran hecho sus deberes hace años en la comercialización no dependerían tanto de las ventas a granel. Pero hay que reconocer que es más fácil vender una “botella” de 25.000 litros que 33.333 botellas de 0,75 litros (esto dicho por los propios rectores-responsables de la gestión de muchas cooperativas).
Con todos estos “planteamientos y realidades” llega el pasado año, curiosamente el primero en el que no hay ningún tipo de subvención comunitaria, estatal o regional (quitando lo antes mencionado de los cultivos ecológicos) y acompañado de una menor producción a nivel global, comienzan a subir los precios… de los 13-15 céntimos pasamos a los 25-28 céntimos por kilo de uva, prácticamente el doble en tan solo un año. Los agricultores dejaron de llorar (no destapo a nadie si digo que un agricultor siempre está “llorando” porque o no tiene producción o no se paga lo que produce… o ambas cosas). Como digo, se calma la situación, empresas antes dedicadas a otros sectores ponen su punto de mira en la viticultura, se empiezan a tener beneficios. Por resumir: la demanda supera a la oferta.
Continúa el ejercicio 2012 y a pesar de subidas de IVA, impuestos, el gasoil a precios desorbitados, seguimos en silencio, no hay quejas de los viticultores ni de las cooperativas. Los sindicatos agrarios parecen desaparecer. Ya no amagan con manifestaciones (ni siquiera por el agua). Todo en calma. Llega el mes de junio, julio, agosto… las previsiones son superadas por la realidad de los mercados del vino. Se dispara el precio de la uva, ya se habla de precios entre los 32 y 40 céntimos por kg de uva en La Mancha y Valdepeñas. Lo nunca visto.
Hay que tener en cuenta que el remolque con 5.000 kilos que llegaba a la cooperativa (da igual la que fuera) se pagaba aproximadamente a 750 euros. Este año estamos hablando que el precio por remolque puede estar en torno a los 1.850 euros. Y además, al superar la mano de obra disponible la demanda, los precios se han mantenido (por no decir que han bajado). Miel sobre hojuelas.
Ahora digo: me alegro, se lo merecen, es justo. Son los precios a los que debería estar el precio de la uva. Estos precios perjudican a los vinos de mesa, pero tampoco doblarán el precio (a no ser que las autoridades extremen los controles y analicen con celo los envases, grados y composición, algo que espero que hagan). En los vinos de calidad la subida será mínima, ya que en años en los que el precio de la uva era inferior, el valor no bajó proporcionalmente. Hablo con escandallos en la mano.
Con respecto a los viticultores (viñeros, vignerons) nada, absolutamente nada que objetar.
Solamente que guarden parte para repartirlo en años en los que la uva no se pague tan bien (que coincidirá con años de mayor producción).
Ayer mismo, hablando con la hija de un vigneron de los de todoterreno caro pagado “a tocateja” que decía, con cara de disimulo, que era una pena, que habían cogido muy poca uva (es inevitable que asome una lágrima… donde hubo fuego, cenizas quedan).
El problema que puedo ver es en el sector cooperativo (en Castilla-La Mancha supone aproximadamente del 60-70% de la producción) y la “tentación” que pueden tener de relegar los esfuerzos que estaban haciendo en la venta de vinos embotellados por la facilidad de venta de los vinos a granel. Es muy fácil caer cuando vienen a ofrecerte la compra de vinos a granel a precios que duplican el hectogrado hace tan solo dos años. Es muy fácil “olvidar” a los clientes tradicionales, esos que han salvado (literalmente) el sector años atrás como son los destiladores y concentradores de mosto. Es muy fácil llegar al baile y que a una sonrisa pícara del guapo/a de turno, te dejes seducir abandonando al compañero/a de momentos difíciles.
El abuelo de mi mujer (viñero de toda la vida) siempre dice que cuando hay es cuando se puede y debe guardar. Por supuesto hay que invertir, es necesario pero que nadie se vuelva loco.
Por otro lado, las cooperativas que son las que más fácil tienen caer en la tentación del baile del pícaro. Ahora es cuando más y mejor pueden trabajar por su futuro, por el futuro de sus socios, abriendo mercados, posicionando sus vinos, defendiendo los precios.
Una estrategia común. No digo “pactar precios” porque además de ser ilegal, es imposible (conociendo al sector), pero sí trabajar en aquello que antes se quejaban no poder hacer, invertir en sus marcas, en sus productos, en su mercado nacional e internacional. Sí, mercado nacional, por difícil que esté. Es el nuestro y es el que hay que cuidar, con quien hay que mantener una relación ya que no siempre estará en crisis.
Expuesto todo esto, si sigue así el sector, yo de mayor quiero ser viñero, mejor dicho, vigneron en La Mancha y querré que mis hijos también lo sean, porque podrán vivir dignamente, trabajar, ser empresarios, vivir e invertir de aquello que sus/nuestros antepasados nos legaron.
Un viticultor (vigneron) de La Mancha no es menos que uno de Champagne, Bordeaux, Borgoña, Toscana o Piamonte. La diferencia está principalmente en cómo se comercializan los vinos y el tiempo que estos lo llevan haciendo (la comercialización). El mercado es el que obliga a hacerlo bien para que tenga venta. El peligro está en que éste año se venda todo por igual. Como no se reconozca la calidad en los precios, entraremos en una peligrosa dinámica que hará volver a tiempos pretéritos.

Joaquín Parra es director de Wine Up Consulting.

Organismos competentes de Comunidades Autónomas para la gestión de la ayuda a la promoción de vino en terceros países

 Publicado el por Fega (colaborador)

Listado actualizado de organismos competentes de Comunidades Autónomas para la gestión de la ayuda a la promoción de vino en terceros países.

Listado completo en pdf adjunto.

Signos de recuperación

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Es posible que sea motivo de contagio el optimismo expresado hace unos días por la Ministra Báñez cuando decía que encontraba “signos de recuperación” en la economía española. También pudiera ser que la desesperación y las ganas nos dominen y veamos esperanza donde solo hay más de lo mismo. Pero, ¿qué quieren que les diga?, puestos a elegir, casi prefiero pensar que el mercado y el sector presentan signos de recuperación antes que imaginarme que dentro de unos días, semanas o meses lo que veamos sean nuevas caídas de precios, derrumbe de las operaciones o pesimismo entre nuestros bodegueros.
Por seguir con la misma instigadora de mi optimismo: la ministra Báñez argumentaba que lo decía con datos, con signos concretos que le permitían aventurar esa opinión. Casi dejaba entrever que no tenía nada que ver con aquella otra declaración efectuada por su colega Elena Salgado cuando se le ocurrió decir que la economía española presentaba “brotes verdes”.
Y yo voy a hacer lo mismo. O mejor, voy a intentar explicar cuáles son esos signos que me permiten albergar un halo de esperanza en el futuro inmediato de nuestro sector y sus operadores.
Podrán imaginar que estos signos provienen del exterior, pues si los últimos datos de consumo interno presentaban una caída superior al 12% en el gasto de los hogares españoles es muy complicado que puedan venirnos de dentro; por más que el consumo de vino en nuestros hogares sea uno de los productos que más estabilizado se encuentra, o dicho de otra forma más positiva, que mejor está aguantando la crisis.
Y es que a pesar del fuerte incremento de nuestros precios, las operaciones de venta se mantienen y los datos publicados en los países de destino ponen de manifiesto que la disminución de cosecha experimentada por Francia e Italia, lejos de suponer un inconveniente a nuestro desarrollo, está suponiendo una oportunidad para incrementar nuestra cuota de mercado arrayándoles aquellas operaciones de menor precio.
No es mucho, es verdad. Ni contundente, lo sé. Pero esto supone dos cosas muy importantes. La primera que los temores a que la histórica subida que han experimentado las cotizaciones de nuestros vinos, lejos de alejarnos del mercado parece que nos está haciendo más competitivos, fruto de las cortas cosechas vendimiadas en estos países. La segunda que, aunque en el nivel más bajo del mercado, los compradores ven en los vinos españoles una alternativa válida por calidad y precio.
 

Esperanza con fundamento

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Ya imagino que si no nos han contestado con la contundencia que lo han hecho a la Ministra Báñez en su optimismo sobre el futuro de nuestra economía (ella) y el sector (nosotros) se debe más a la popularidad de unos y otros, que a los apoyos concitados. Lo que no es óbice para que sigamos manteniendo esa visión positiva sobre la evolución de nuestro sector para los próximos meses y, confiemos, años.
Francia y Alemania, primero y segundo destino de nuestras ventas, se han llevado, ellos solitos, nada menos que el 34,93% de lo exportado durante el presente año, más exactamente 2,744 y 2,102 de los 13,872 millones de hectolitros que llevamos vendidos en ocho meses, lo que le otorga cierta relevancia a lo que pueda estar sucediendo en estos mercados.
Si, además, unimos a este cualificado grupo de clientes a Italia, tercer destino con 1,342 Mhl, nos encontraremos con que estamos hablando de que solo ellos representan casi el 45% del total. ¿Demasiada concentración para un país que aspira a convertirse en líder mundial no solo en extensión de viñedo, sino también en producción y calidad? Pues es posible, pero esa excelente oportunidad que se nos presenta esta campaña con cosechas históricamente bajas en Europa, no la vamos a desarrollar en esta ocasión. Lo hemos comentado ya en muchas, muchas, muchísimas ocasiones y ahora prefiero que nos centremos en otro aspecto, a mi entender, mucho más relevante en estos momentos.